Hatha Yoga detrás de las rejas

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Presos en libertad

  • Cantando la invocación
    Imágenes de internos del penal de Atlacholoaya, Morelos, México practicando Yoga dentro del programa Parinaama-Anusara de Yoga en la prisión, fundado por Ann Moxey quien es la maestra que aparece en muchas de las imágenes. Haz clic en "Enter Gallery" más abajo para ver las fotos. Más información del proyecto: annmoxey.blogs.com/yogaprisonproject/ Fotos: Rocío Rojo Publicada en el artículo "Presos en libertad" con texto de Tayde Bautista en la revista Día 7, el 3 de agosto de 2008. Puedes leer este artículo aquí

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Comments

ANGELA AMARÍS

Por favor, podría saber si la Fundación ha realizado algúna investigación científica formal sobre los efectos de la Yoga en los internos?
soy Criminóloga de Panamá!

Fernando

Nunca me imaginé que la sensación con la que saldría de una cárcel sería la de ternura. Sin embargo, fue el sentimiento que predominó al estar mi primer día compartiendo una sesión de yoga en el penal de Atlacholoaya, Morelos.

Con el objetivo de compartir la practica de Yoga en otros ámbitos, me llamó mucho la atención el proyecto que Ann ha llevado a cabo en ese penal desde hace más de dos años. Así que encantado acepté su invitación para sumarme al proyecto.

En las primeras sesiones en las que fui como maestro, los comentarios de los internos eran por demás motivantes:

“Gracias al Yoga deje de fumar” dijo uno. Órale dejar de fumar en una cárcel –pensé– se antoja difícil.

Un señor que llega a la clase con su ropa manchada de coloridos oleos, me platicó entusiasmado que desde que practica yoga pinta mejor. Dos sesiones después me enseñó uno de sus cuadros. Orgulloso me dijo que lo iba a vender ese fin de semana.

Otro interno practicante de yoga me contó al finalizar una práctica “El otro día uno quería echarme bronca (pleito), pero yo pensé ese es su problema no el mío y no le seguí la corriente, a los diez minutos me dejo en paz”.

Estas son muestras de cambios que el Yoga puede generar en un espacio así. La experiencia es rica para todos. Para mi guiar algunas prácticas de yoga en Atlacholoaya ha sido gratificante: hacer el saludo al sol mientras este se asoma al salón junto con 25 hombres más; su atención es un gran regalo. Y qué decir de recibir su aplauso y agradecimiento al final.

Un gozo es platicar con ellos al final de la sesión: atender sus inquietudes de cómo hacer una postura mejor, o cómo se dice saludo al sol en sánscrito. Inquietudes que reflejan que muchos de ellos han extendido esta practica más allá de las dos horas que podemos enseñarles semanalmente. De eso se trata la practica de yoga, creo, de llevarla más allá del tapete.

Una anécdota más me gustaría contar: Un preso me decía entusiasta “Quiero ir un día a la India” Se queda pensando mientras mira a su alrededor y me dice con muy buen sentido del humor “bueno antes tengo que salir de aquí ¿verdad?”. Muertos de la risa nos despedimos.

Con estas experiencias uno llega a vislumbrar a las personas que habitan dentro de esas paredes y no sorprende que bajo esa aparente coraza de cuerpos duros (algunos de ellos, no todos, hay algunos bien flexibles) haya ternura.

Eva Sander

We urge you to get involved in this wonderful project. Think not only of those you will help (the inmates) but also of the wonderful feeling you get when you help others. 20 USD will buy a good sticky mat so more inmates can enjoy the yoga classes provided by volunteer teachers.

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